Ciudades inteligentes, amigables, accesibles.

Casos de éxito

Imagen amigable de ciudad accesible

Vivimos en un mundo de ciudades, en un mundo que, además, envejece rápidamente.

Según datos de las Naciones Unidas (2006) para el año 2050 las personas de más de 60 años o serán el 22% del total; en 2006 la población mayor de 60 años era del 11% de la población total. Para entonces, por primera vez en la historia de la humanidad, habrá más personas mayores que niños en la población. Y los países en desarrollo están envejeciendo a un ritmo mucho mayor que los países desarrollados: dentro de cinco décadas, poco más del 80% de las personas mayores del mundo vivirán en países en desarrollo, frente a 60% del año 2005.

Al mismo tiempo, nuestro mundo se asemeja a una ciudad en crecimiento. Actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Las mega-ciudades, es decir, ciudades con 10 millones de habitantes o más, se multiplicaron diez veces  durante el siglo XX,  pasando de 2 a 20 y representando, ya en el 2005,  el 9% de la población urbana mundial. El número y la proporción de habitantes urbanos seguirán creciendo en las próximas décadas, en especial en las ciudades con menos de cinco millones de habitantes. Para el año 2030, cerca de tres de cada cinco personas del mundo vivirá en alguna ciudad, y el número de habitantes urbanos en las regiones menos desarrolladas será casi cuatro veces mayor que en las regiones desarrolladas.

Envejecimiento y urbanización de la población son características de nuestro mundo, y son el resultado de un desarrollo humano exitoso: de avances en la salud pública y las condiciones de vida, del desarrollo tecnológico y económico de un país. Pero constituyen  también grandes desafíos. Las ciudades deben  proveer estructuras y servicios que sostengan el bienestar y la productividad de sus residentes, y eso les exige ser entornos de vida facilitadores y, cuando sea preciso, de apoyo para compensar los cambios personales (físicos, cognitivos,..) y sociales asociados a las diferentes condiciones y etapas de la vida de cualquier persona. 

Conceptos como Smart City (o Ciudad Inteligente) y Ciudad Global Amigable con los Mayores, pretenden, cada uno desde puntos de partida y con medidas diferentes, contribuir a la consecución de estructuras y servicios que sostengan la productividad y el bienestar. Se puede, y se debe, acercar y sumar ambos conceptos así como las acciones que conllevan, y aprovechar sus sinergias para fomentar y mejorar la accesibilidad en las ciudades. 

Se define Smart City como aquella ciudad que usa las tecnologías de la información y las comunicaciones para hacer que tanto su infraestructura crítica, como sus componentes y servicios públicos ofrecidos sean más interactivos y eficientes y los ciudadanos puedan ser más conscientes de ellos.  

Una Smart City debe por lo tanto asegurar que dichas tecnologías lleguen al mayor número de personas posible; es decir, asegurar su accesibilidad. Una tecnología que busca mayor interactividad entre los ciudadanos y los servicios, no puede, en ningún caso, dejar fuera a diferentes grupos de personas. Y una ciudad amigable, comprometida con sus ciudadanos, también deberá proveer, si es preciso, otros sistemas y otras fórmulas para no dejar fuera de este proceso a las personas con dificultades para utilizar dichas tecnologías, incluso siendo accesibles, por razones de edad u otras.

Otra oportunidad de las Smart Cities es, sin duda, aprovechar la tecnología para incrementar la interactividad de los ciudadanos con lo referente a los niveles de accesibilidad de las infraestructuras y servicios. Si en una Smart City se integra “digitalmente” a las personas y a los servicios e infraestructuras del entorno, no puede dejar de trabajarse en mejorar dicho entorno para que, además de estar “integrado digitalmente”, sea un entorno mejor, más accesible.

El concepto de Ciudad Global Amigable con los Mayores está basado en el marco para el envejecimiento activo de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Este concepto de Ciudad Amigable igualmente podríamos hacerlo extensible “para todos los ciudadanos”. Porque la ciudad global corre el peligro, y en ocasiones ya está en proceso, de ser amigable para muy pocos de sus habitantes. 

En el Documento “Ciudades Globales con los Mayores. Una guía”, (OMS, 2007), se identifican un total de ocho temas en los que actuar para proveer un panorama integral de amigabilidad en la ciudad, Estos temas son: espacios al aire libre y edificios, transporte, vivienda, participación social, respeto e inclusión social, participación cívica y empleo, comunicación e información, servicios de apoyo comunitario y de salud

La accesibilidad aparece como característica esencial de algunos de estos temas  y también como facilitador o reflejo de otros.

Los tres primeros, espacios al aire libre y edificios, transporte y vivienda, como características claves del entorno físico de una ciudad, influyen fuertemente sobre la varias cuestiones, entre otras la movilidad personal; los edificios y las calles libres de barreras mejoran la movilidad e independencia de personas mayores y de las personas con discapacidad, tanto jóvenes como mayores. 

Pero además estos ocho ámbitos de la vida en la ciudad se superponen e interactúan entre sí. Por ejemplo, el respeto y la inclusión social se ven reflejados en la accesibilidad de los edificios y espacios. Y la participación social, cívica y económica depende en parte de la accesibilidad de los espacios al aire libre y los edificios públicos. El transporte y la comunicación e información interactúan de manera particular con las otras áreas: sin transporte o medios adecuados para obtener información que permita el encuentro y la conexión de las personas, se tornan inaccesibles otros servicios e instalaciones urbanas.  

Trabajar para conseguir una mayor accesibilidad en todos los ámbitos de la ciudad y una óptima información sobre los niveles de accesibilidad, es decir, trabajar para conseguir una ciudad más inteligente y más amigable, es lo que, desde hace más de veinte años, venimos haciendo en Vía Libre, empresa del Grupo Fundosa

Desde su equipo de Consultoría, analizando la accesibilidad el entorno urbano, de los edificios, del transporte, de los sistemas de comunicación e información, y proponiendo soluciones a partir de los criterios de accesibilidad universal y diseño para todos. Desde su área de Ortopedia y Productos de apoyo, proveyendo de soluciones para situaciones concretas, desde un elevador a un scooter,  abarcando cualquier producto que se encuentre en el mercado. Desde el de Vehículos, adaptando taxis para que puedan utilizarlo todas las personas o coches particulares para que puedan ser conducidos por personas con discapacidad. Desde el área de Accesibilidad a la Información y a la Comunicación, haciendo accesibles los elementos de orientación y localización de las ciudades, así como la información que se transmite en medios escritos, orales o audiovisuales. Y desde el área de Ingeniería, en la que se llevan a cabo desarrollos propios para permitir que el entorno sea más accesible, más amigable, más inteligentes.

En Vía Libre casi doscientas personas con perfiles profesionales muy diferentes, más del setenta por ciento con discapacidad, grandes conocedores del área en la que desarrollan su actividad, tanto por su experiencia profesional como personal, trabajan al servicio de la mejora de la accesibilidad para todos los ciudadanos.

 

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