La accesibilidad tecnológica: de todos y para todos

13 Julio 2018

Accesibilidad

Mesa de oficna con un ordenador en cuya pantalla se ve el planeta tierra de fondo y sobre ella las señaléticas de personas con movilidad reducida, ciegas y sordas

Por Daniel Montalvo, coordinador de Accesibilidad TIC en ILUNION Tecnología y Accesibilidad

A estas alturas del año, seguro que ya has planeado bien todos y cada uno de los aspectos de tus vacaciones: quizá hayas comprado tu billete a través de una aplicación móvil, o reservado tu alojamiento en uno de esos portales tan conocidos de Internet.

De lo que sí estoy seguro es de que, si lo has hecho, en algún momento de ese proceso has pensado: “Esta letra es demasiado pequeña” o  “este color no contrasta”. Quizá también has tenido dificultades para acceder o comprender la información que se transmitía o, en el peor de los casos, ni siquiera hayas podido concluir aquello en lo que estabas porque la interfaz no se ajusta a tus necesidades.

Pues bien, no es que te estés haciendo mayor o estés perdiendo facultades, es que las interfaces y los contenidos tienen fallos y tú tienes derecho a que estén desarrollados de una manera que permita que todos, sin excepción, puedan disfrutarlos. Una de las disciplinas sobre las que recae un mayor peso a la hora de potenciar esta adaptación es la accesibilidad.

La accesibilidad es la disciplina que se encarga de lograr que todos los productos, bienes o servicios sean accesibles para el máximo número de personas posible, con independencia del dispositivo que utilicen, de su cultura, edad, género… o del grado de discapacidad que presenten.

Pero, ¿cómo se puede conocer cuáles son exactamente estas características de accesibilidad? ¿Cómo saber si estoy ante un problema de accesibilidad o de cualquier otra índole?

El estándar de accesibilidad son las WCAG 2.0, que significa en español “Pautas de Accesibilidad al Contenido Web”. Fueron creadas originalmente por el W3C (Word Wide Web Consortium), en el año 1999, cuando se publicaron las WCAG 1.0 y ahora, hace unos pocos meses, se han publicado las WCAG 2.1, que irán siendo adoptadas por el conjunto de países que actualmente cuenta con las 2.0 en su cuerpo normativo.

Estas pautas, aunque en su origen hacían referencia a la web, tratan de abarcar aspectos de accesibilidad en web, aplicaciones móviles y otros soportes digitales, y se estructuran en cuatro principios básicos. Así, el contenido ha de ser:

  • Perceptible. Se tiene que garantizar que todos los usuarios pueden percibir los contenidos. Si se utiliza audio, hay que asegurarse de incluir en él subtítulos que permitan que las personas sordas puedan seguirlo adecuadamente; si se utiliza un vídeo, se necesitarán audiodescripciones para que las personas ciegas puedan comprender qué es lo que está ocurriendo. Las imágenes tendrán que estar dotadas de alternativas para que aquellas personas que no puedan visualizarlas o cuyos dispositivos no puedan renderizarlas tengan acceso en todo momento al contenido.
  • Los contrastes de color han de ser suficientemente amplios para permitir una óptima visualización del contenido en todas las circunstancias.Operable. Tiene que ver con la forma en que las personas interactuamos con la tecnología. Se trata de garantizar que no se produzcan exclusiones por el tipo de dispositivo que se utiliza para acceder a la información. Con independencia de que uses ratón, teclado, sólo uno de los dos o cualquier otro dispositivo de entrada tal como punteros, tienes que ser capaz de interactuar con las interfaces y concluir con éxito los procesos. De lo contrario, estarás enfrentándote a una barrera de accesibilidad.
  • Comprensible. Tiene que ver con la forma en que los usuarios entendemos el contenido. El lenguaje ha de ser claro y conciso. Si nos solicitan información mediante el uso de formularios, los errores que cometamos deben estar explicados para que cualquiera pueda interpretarlos adecuadamente sin necesidad de tener que hacer un máster, y enviar la información de forma satisfactoria.
  • Robusto. Tiene que ver con la compatibilidad con el conjunto de los dispositivos. Si para utilizar una determinada aplicación o web hace falta tener un único dispositivo o navegador compatible, estaremos ante un caso claro de falta de accesibilidad. Acordémonos de las webs compatibles sólo con Internet Explorer 8, que alguna queda. Obviamente, no se trata de poder acceder a la web de hoy con dispositivos de hace veinte o treinta años, pero sí de que todos los dispositivos actuales puedan ser compatibles con la web, aplicación o documento que se quiera utilizar.

Visto así, y poniéndonos en el pellejo de los responsables de los contenidos digitales, podría parecer que la accesibilidad va a tener un coste exorbitante y, ciertamente, no es así. Si nos acordamos de santa Bárbara cuando truena y queremos implementar accesibilidad en un desarrollo ya finalizado, nos costará más que si lo hacemos desde el principio. Como cualquier otra disciplina, la accesibilidad tiene sus costes asociados y habrá que tenerla en cuenta pero, cuanto antes la incluyamos en el desarrollo, más reduciremos sus costes.

En definitiva, se trata de poner absolutamente a todos los por encima de cualquier otra circunstancia, garantizando así que la tecnología sirva como uno de los métodos de inclusión más eficaces con los que en este momento contamos como sociedad.

 

 

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