24 Octubre 2017

Fotografía de Victor Garvi en el proyecto Cañada de E.R.A

Mi nombre es Victor Garvi y, desde hace seis años, soy trabajador de la planta de ILUNION Lavandería y Servicios a la Hostelería en Fuenlabrada. Concretamente, estoy en el sector de transporte.

Desde hace dos años aproximadamente, y en mi tiempo libre, formo parte del Equipo de Rescate Animal (ERA). Nuestra función es rescatar animales en situación de abandono, animales que han sido maltratados y tienen tanto miedo al ser humano que no se dejan coger a mano. Para ello, utilizamos varios métodos, pero el preferido es una jaula trampa, pues es el menos traumático para ellos.

Siempre he sido un defensor de los derechos de los animales y siempre he colaborado con protectoras de una manera u otra, hasta que decidí unirme al ERA. Todo empezó cuando les avise de que había un galgo en el arcén de la carretera, cerca de Fuenlabrada. Seguí sus pautas de rutina y, en pocos días, montaron el equipo y el galgo estaba a salvo. Hoy Cloe, que así se llama esa preciosidad, está felizmente adoptada en Alemania.

Después de aquella experiencia, de ver cómo trabajaban, no dudé en decirles que quería colaborar con ellos. Y así empezó mi historia en el ERA. Mis compañeros y yo dedicamos nuestro tiempo libre a rescatar y salvar vidas que otros desprecian y rompen sin remordimientos. Cada día, aunque suene exagerado, entran tantos casos que muchas veces no damos abasto, pero es un trabajo reconfortante. En este enlace de Facebook podéis ver vídeos de nuestros rescatados:  https://www.facebook.com/ERARescateAnimal/

Mi experiencia más emotiva tiene nombre: Vaquita. Iba camino a casa, después del trabajo, cuando vi en la carretera un perro pequeño, de manchas blancas y negras. No dudé en parar el coche y bajar a socorrerle, pero, al verme, Vaquita, que tenía pánico al ser humano, corrió campo a través. Ese día no pude hacer nada por él. Al día siguiente no le vi pero paré en el mismo sitio, subí la montañita por la que escapó y ahí estaba, arriba del todo, aterrorizado. De nuevo, salió despavorido al verme, sin permitirme un mínimo acercamiento… ¡pero descubrí su guarida! Y fue en ese momento cuando empezamos su rutina: Todos los días, a la misma hora, le ponía comida y agua en el mismo sitio.

Al cabo de un tiempo montamos un equipo de jaula trampa, pero Vaquita tenía tanto miedo que no llegó a entrar. Pero eso no nos hizo desistir. Todos los días, a la misma hora y el mismo lugar, le poníamos la comida y el agua. Y todos los días, Vaquita seguía sin entrar. Hasta que un día, Vaquita desapareció. No acudió como cada día anterior al mismo lugar a la misma hora. Nos quedamos rotos de dolor. Sin embargo, en mi interior, yo sabía que, aunque no le viese, Vaquita volvería. Y, por eso, durante cuatro meses, continué con la misma rutina de llevarle comida y agua cada día, a la misma hora y en el mismo lugar. Y así fue. Vaquita seguía allí. Lo que ocurría es que tenía tanto miedo que solo salía de su escondite por la noche.

Volvimos a por él en una operación de rescate que duró 10 horas y que acabó con Vaquita a salvo y en mi casa. Lo adopté. Desde entonces, Vaquita es feliz, y nosotros con él. En este enlace podéis ver el vídeo de su historia.

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=628833643935162&id=347748188710377

Esta es mi historia y la de Vaquita. Solo una cosa más: ¡No compres un perro o un gato, adopta!

Victor Garvi, trabajador de ILUNION Lavandería y Servicios a la Hostelería de Fuenlabrada

 

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